«Iglesia Que no Sirve, no Sirve para Nada» es una obra escrita por Jacques Gaillot, obispo de Évreux, que busca ser una bocanada de aire fresco en el contexto eclesiástico. El libro presenta una mirada tierna y compasiva hacia los marginados y una auténtica pasión por la justicia, mostrando una visión positiva y esperanzada de la modernidad y sus desafíos. Gaillot se posiciona como un pastor comprometido en llevar la Buena Nueva tanto a quienes no tienen contacto con la Iglesia como a aquellos que todavía la frecuentan.
El autor se presenta como un profeta enraizado en el Evangelio, que responde sin rodeos a diversas problemáticas de la vida cotidiana, tales como la enfermedad, la prisión, la objeción de conciencia, la injusticia en la tenencia de tierras, los conflictos matrimoniales, la falta de conocimiento de la Iglesia entre los jóvenes, y la escasez de sacerdotes en algunas comunidades.
Jacques Gaillot se destaca por ser un obispo libre que aboga por los principios del Concilio Vaticano II, critica la falta de democracia en la jerarquía eclesiástica, promueve el discurso sobre justicia por encima de la disciplina sexual, y anhela una Iglesia comprometida con los marginados y las «ovejas perdidas».


