Al igual que obras distópicas clásicas como 1984 de George Orwell y Un mundo feliz de Aldous Huxley, Fahrenheit 451 pinta un cuadro sombrío de una civilización occidental subyugada por los medios de comunicación, los tranquilizantes y el conformismo. La visión de Bradbury resulta sorprendentemente profética, con pantallas de televisión que ocupan paredes, avenidas donde los vehículos circulan a velocidades vertiginosas y una población abrumada por una constante corriente de información insulsa y música a través de auriculares.
“Fahrenheit 451 es el más convincente de todos los infiernos conformistas.” – KINGSLEY AMIS